Momias en el Museo de Leymebamba


El nombre de “laguna de los cóndores” fue dado en 1968, por el explorador de los Estados Unidos, Gene Savoy.

Está ubicado a diez horas a caballo desde el pueblo de Leymebamba, a 2600 m.s.n.m. en la naciente del río de los Chilchos. Este sitio se hizo famoso debido al descubrimiento de mausoleos que contenían gran cantidad de momias del tiempo de los Incas. Las primeras evidencias se reportaron en 1996, cuando un grupo de trabajadores de la zona hallaron restos de construcciones antiguas frente a la laguna y empezaron a depredar el lugar, esperando encontrar algún tesoro.

El agua de la laguna tiene tono oscuro debido a la descomposición de la vegetación (ácidos tánicos). Las tumbas están ubicadas en un farallón que tiene una altura de más de 350 metros. Los mausoleos fueron construidos con una mezcla de arcilla y roca caliza. Son seis tumbas de forma cuadrangular, con todas sus fachadas mirando a la laguna. El lugar presenta pinturas de color rojo y amarillo, con diseños geométricos y también de hombres y animales. Es probable que estos hayan sido hechos por chamanes durante las ceremonias de entierro bajo la influencia de algún alucinógeno.

La antigüedad del sitio corresponde a los años 800 a 1470 d.C. Los Chachapoya no desarrollaron técnicas de momificación, solo depositaban los huesos, luego que todo el tejido blando y órganos desaparecían. Estos huesos y restos de cabellos eran envueltos con telas para colocarlos en canastas.

Todos los entierros Chachapoya fueron sacados de su ubicación original por los Incas. Para ello los Incas construyeron dos chulpas donde depositaron todos estos restos, unos 600 a 1000 individuos. Los mausoleos de los Chachapoya fueron utilizados entonces para albergar las momias Incas.

Momia en Museo de Leymebamba


Proceso de Momificación Los cuerpos eran eviscerados por el ano por donde sacaban todos los intestinos, conservando, sin embargo los órganos internos. Luego de este proceso la abertura anal era cerrada con un tapón de tela de algodón.

La piel de los cuerpos era tratada con sustancias orgánicas que permitió un buen curtido. En la cara usaban algodón para mantener la forma de la nariz y las mejillas. Finalmente, los cuerpos eran envueltos con telas de algodón, en algunos casos se bordaba sobre la tela para representar la cara.

Los personajes enterrados habrían pertenecido a la nobleza, posiblemente del pueblo de Llactacocha, ubicado frente a la laguna. Se han hallado allí evidencias de unas 130 casas.

Para transportar las momias se utilizaban armazones de madera de forma cónica. Luego del entierro se ofrecían periódicamente algunas ofrendas, de lo cual hay evidencias de mates, restos de comida, figuras talladas de madera y cerámica.